De dónde vengo
Empecé detrás de una barra de Starbucks: 40 horas semanales, 1.200 € al mes, imaginando una vida completamente distinta.
Ahí aprendí algo que ningún curso me enseñó después: la gente no te compra un café, te compra cómo la haces sentir.
Luego llegaron las ventas online: setting, closing, dirección comercial, lanzamientos, evergreen. Más de un millón de euros vendidos para mis clientes, con tickets de 3.500 a 8.000 €, hasta un 86 % de cierre en lanzamientos y un 55 % en evergreen.
Lo que nadie veía era lo que había debajo: meses de cero y lanzamientos de 700 € después de doce horas al día con seis mil leads.
Y aun así, algo no cuadraba.
Había invertido más de 20.000 € en formaciones. Tenía guiones, manejo de objeciones y técnica de sobra. Y aun así salía de muchas llamadas agotada. Vendía desde la fuerza: necesitaba el sí y medía mi valor por lo que cerraba ese mes.
Todos me veían como un caso de éxito. Por dentro, me sentía una impostora.
El cambio no llegó con otra formación ni con más técnica. Llegó cuando empecé a mirar hacia dentro. Me metí de lleno en el desarrollo personal: mis valores, mi autoestima, mi autoconfianza, quién era yo cuando nadie me compraba nada.
Empecé a ser y dejé de hacer. Y cuando dejé de necesitar el resultado, empecé a cerrar más, con menos esfuerzo y más criterio. Menos llamadas, más ventas.
Hoy vivo en plena naturaleza, en un pueblo de menos de 100 habitantes, entre la huerta, los animales y mis clientes. Y desde aquí acompaño a emprendedoras, emprendedores y closers en ese mismo camino: dejar de buscar más técnica y empezar a vender desde quienes son, con autenticidad y criterio, acercándose a la identidad que de verdad les representa.
Porque no te falta técnica. Te falta recuperar tu poder.